Estábamos en los años 70 del siglo XX, tiempo de innovaciones y un grupo de jóvenes recién casados, tenían la necesidad de un recinto donde desarrollar sus aficiones deportivas y sociales, y al mismo tiempo poder ofrecer a sus retoños un espacio lúdico al aire libre donde disfrutar de juegos propios de cada edad. Y así se forjo el germen de esta institución.
Así fuimos buscando algún lugar idóneo de nuestro pintoresco Cehegín y lo encontramos a la vera del río Argos, unos terrenos de la familia del Conde Campillos, en la Era del Cojo y su entorno, que tenían en venta. Entre otros formábamos el grupo: Fernando Carreño, Mariano Fernández, Francisco agudo, Antonio González, qué capitaneados por un empresario de prestigio como fue Francisco Carreño cuadrado, fuimos aumentando la nómina de futuros socios hasta completar la meta inicial, que era quedan conseguir diez amigos que aportaran 10.000 ptas cada uno, para para completar 100.000 ptas. como señal de la compra, cuyo importe total sería de 250.000 ptas. por toda la finca, resto de 150.000 que se haría efectivo 6 meses después a la firma de la escritura de compra-venta.
Así iniciamos este proyecto, midiendo el terreno total, moviendo tierras, e ir dando forma a las infraestructura de las instalaciones que pensábamos formar, cuya primera idea era construir la piscina olímpica, que serviría de acicate para atraer a futuros socios. Así la empresa de movimientos de tierras de Francisco Párraga, se fue encargando de la obra, el cual, como anécdota, gentilmente se hizo socio, así como su tractorista. Igual fue sucediendo con otros oficios, trabajadores, albañiles, empresario de construcción, y tantos otros amigos, que los promotores fuimos captando. Hasta que por fin un año después conseguimos llegar a los ciento y pico de socios. Aquello iba siendo una realidad. Sobre todo, después de ver la maravillosa piscina casi terminada.
Años después, tocó legalizarla Asociación, formar asamblea general, confeccionar los estatutos, y demás legalismos y nombrar su junta directiva, con una presidencia que recayó en la persona más veterana de los promotores, don Francisco Carreño Cuadrado.
Autor
Antonio González Noguerol
